Rufino L, T. y Fernando J. R. son interceptados camino de Madrid, circulando en el vehículo del primero. Al registrar el coche, la Guardia Civil encuentra dos kilogramos de cocaína que Fernando ha escondido, sin que Rufino lo supiera, con la intención de trasladarlos hasta su destino. A Rufino, la Guardia Civil le encuentra en el bolsillo de su pantalón 20 gramos de hachís que su novia Irene le ha regalado, pues sabe que es consumidor de esta sustancia.
Como consecuencia de la declaración prestada por los dos detenidos, la Guardia Civil se persona en el domicilio de Rafael L. T. donde encuentran diversas balanzas de precisión, y una gran cantidad de papel de aluminio y ácido nítrico. Rafael alega que todo ello es necesario para desempeñar su profesión de veterinario, aunque con posterioridad se descubren restos de cocaína en las balanzas intervenidas.
Fernando, desde el primer momento manifiesta que Rufino no sabe nada de la cocaína que se encuentra en el vehículo, (versión que desde el inicio se demuestra como cierta). Además colabora activamente con la Guardia Civil, consiguiendo el desmantelamiento de una organización de tráfico de drogas.
En la Estación «Delicias» de Zaragoza el policía nacional Sebastián Picos ha detenido al ciudadano guineano Teodoro Obango, a quien se le ha incautado un alijo de 250 grs. de cocaína que se había introducido en el recto. Sebastián ofrece a Teodoro la posibilidad de salir indemne de los hechos ocurridos si accede a mantener relaciones sexuales con él. Teodoro, que hacía dos meses que había salido de la cárcel en Bélgica por un delito de tráfico de drogas, accede a los deseos del policía, quien, además de tener acceso carnal con Teodoro, se queda con la mitad de la droga incautada para distribuirla por su cuenta en los barrios bajos de la ciudad. Además, el policía deja marchar a Teodoro, quien seguidamente acude a un hospital y denuncia los hechos sucedidos.
D. Arnulfo Simplón, residente en la localidad de Pedregal de las Carretas (Zamora) está pensando en comprarse un piso, a pesar de cómo están los precios, y contacta con D. Eusebio Sinvergüenza, conocido constructor de la localidad. Éste le enseña varios planos y D. Arnulfo elige un piso de tres habitaciones, muy mono, por el que deberá pagar un precio de 120.000 euros.
Varios días después, cuando llega el momento de firmar el contrato de venta, D. Arnulfo se presenta todo exaltado en la oficina del constructor, ya que previamente ha pasado por la obra y ha visto que el piso, todavía en construcción, tiene un dormitorio menos de lo que D. Eusebio le había dicho. El constructor le responde que eso son minucias, y que firme de una vez. D. Arnulfo se niega, y el constructor insiste, terminando por propinarle a D. Arnulfo cuatro puñetazos. Ante tan firmes argumentos, D. Arnulfo, que es de natural debilucho y pacífico, firma el contrato y se marcha.
Acto seguido, se dirige al cuartel de la Guardia Civil para denunciar los hechos, y posteriormente se presenta en el consultorio médico del pueblo, donde el médico le asiste de varios hematomas que presenta en la cara, no precisando más tratamiento.
Luis Miguel García regenta un establecimiento de compra y venta de oro y joyas. Allí acude Manuel que lleva un reloj de oro, valorado en 1600 euros, sustraído tres días antes a un viandante descuidado, que no se dio cuenta de cómo Manuel le introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta para sustraer el reloj.
Luis Miguel, que ya había tenido «negocios» en otras ocasiones con Manuel, le ofrece 200 euros por el reloj, a sabiendas de que procede de una sustracción ilegítima.
Manuel acepta la oferta y sale de la joyería, siendo sorprendido por una patrulla de la policía local que ante la denuncia del propietario del reloj había extremado la vigilancia ante la puerta de la joyería.
El día 17 de marzo de 2017, Germán Lagunas, guiado por el ánimo de lucro, procedió, aprovechando que estaba la puerta abierta, a entrar en el domicilio de su hermano Samuel, donde sustrajo 200 euros. Al objeto de que no sospecharan de él, tras realizar la sustracción procedió a romper objetos y muebles para dar la impresión de que los culpables de la sustracción habían sido una banda de malhechores, causando daños en la vivienda por valor de 3000 euros.
Siguiendo con sus «aventuras», ese mismo día, sobre las dieciocho horas, el acusado procedió, tras escalar por la pared del patio y acceder al mismo, a entrar por una ventana en el domicilio de Antonio Díaz, donde se apoderó de diversos objetos en su interior, por un valor total de 150 euros. Cuando se disponía a huir por la ventana, fue retenido por el morador que, para que no escapase, le golpeó en repetidas ocasiones con el palo de la escoba, hasta que llegó la policía. Como consecuencia de los golpes, Germán sufre una subluxación del hombro derecho y fractura de un dedo de la mano izquierda, lo que le ha obligado a ingresar en un hospital al objeto de ser intervenido quirúrgicamente.
En una sentencia se declaran probados los siguientes hechos:
Que alrededor de las 9:45 horas del pasado día 20 de mayo de 2014, Jorge-Luis B. CH., mayor de edad y ejecutoriamente condenado, entre otras causas, por delito de robo a la pena de dos años de prisión en sentencia firme de 22 de septiembre de 2012, guiado por la intención de obtener un provecho económico, tras forzar el cilindro de la puerta de entrada de la vivienda donde residen los hermanos Juan Miguel y María del Mar V. E. , sita en el bloque 92, piso 2º derecha del barrio de El Cardonal, de La Laguna, consiguió acceder al interior de la casa y apoderarse de una serie de joyas que se encontraban dentro de unas cajas tipo joyero que estaban en la habitación de María del Mar, las cuales han sido tasadas pericialmente en 496 euros, causando desperfectos en la cerradura de la puerta ascendentes a 265 euros.
El acusado es adicto a la heroína desde los 17 años, habiendo iniciado sin éxito algunos programas de desintoxicación a sustancias opiáceas y estando sometido a un programa de mantenimiento con metadona desde octubre de 2013, habiendo realizado el hecho para proveerse de dinero con el que satisfacer su adicción.
En una sentencia se han declarado como probados los siguientes hechos:
1º.- Sobre las 22,30 horas del 24 de octubre de 2.010, en la localidad de Villar de Chinchilla, el inculpado Manuel M. G., mayor de edad, sin antecedentes penales, con una escopeta de caza de su propiedad FN calibre 12, nº 98.750, cargada con un cartucho de bala, efectuó un disparo contra Francisco Javier J. G., cuando éste, que se encontraba de espaldas y completamente desprevenido, se disponía a entrar en su casa, sita en el nº 4 de la calle Rosario, de dicha localidad; disparo que alcanzó al referido Francisco Javier en la nuca, causándole la muerte instantánea. Teniendo entonces éste 38 años de edad, estando casado y siendo padre de una niña.
2º.- Manuel M. G., el referido día, estuvo tirando petardos en la plaza de susodicha localidad para celebrar que el equipo de fútbol de que era seguidor Francisco Javier estaba obteniendo un resultado desfavorable en el partido de fútbol de Copa de Europa que se disputaba esa noche y que estaba a punto de terminar. Estando presente, cuando ello ocurría, Francisco Javier quien mantenía malas relaciones con aquel, aparte de por ser ambos seguidores de equipos diferentes, porque, hacía años, Francisco Javier había propinado una paliza a Manuel. Sucediendo luego, que, en el último momento del partido, el equipo de Francisco Javier logró meter un gol, convirtiendo, por ello, en favorable el resultado que antes era desfavorable. Lo que desagradó a Manuel y alegró a Francisco Javier, quienes seguidamente iniciaron una fuerte discusión.
3º.- Tras ella, Manuel, influenciado por lo ocurrido, se dirigió a su casa, sita en el y, entrando allí, tomó la referida escopeta, que cargó con una bala. Saliendo después a la calle y efectuando seguidamente el disparo susodicho.
4º.- Manuel disparó contra Francisco Javier con ánimo de quitarle la vida.
5º.- Manuel, cuando ocurrieron los hechos, se encontraba embriagado a causa de las bebidas alcohólicas que había ingerido, lo que le provocó una limitación de sus facultades intelectivas y volitivas.
6º.» Manuel tras la ocurrencia de los hechos, dejó la escopeta en su casa y se fue andando a la salida del pueblo; entregándose tras darle el alto a una patrulla de la Guardia Civil que circulaba por allí, a ésta; diciéndoles que había sido el autor de la muerte de Francisco Javier.
Casado como estaba con Palmira González, Jerónimo era de muy fuerte carácter y no soportaba que Palmira hablase con otros hombres porque era muy celoso. Un día, Palmira, harta de esa situación, comunicó a Jerónimo su deseo de separarse de él, a lo que Jerónimo, extrañamente, no puso demasiados inconvenientes.
Tenían un hijo, Jorgito, de seis años de edad. Como quiera que Jerónimo era cazador, ese sábado se dispuso a limpiar y preparar su rifle para la cacería del domingo. Jorgito se acercó y le preguntó si le dejaba jugar con el rifle. Jerónimo se opuso, pero ante la insistencia del niño urdió el siguiente plan: Puso varias balas en el cargador del rifle y le dijo al niño «Mira Jorgito, he puesto en el rifle varias balas mágicas. Al dispararlas salen del cañón del rifle flores de colores. Te dejo que vayas a disparar a Mamá, que está echando una siesta en el sofá del comedor, ya verás qué contenta se pone con las flores que saldrán del rifle». Y así, Jorgito disparó sobre su madre en tres ocasiones, con las fatales consecuencias que esperaba Jerónimo: Palmira murió de forma instantánea.